Rosas…
De mí nunca quisiste nada,
nunca me quisiste y nunca me amaste
tan solo fue un murmullo en noches ardientes
donde la luna quemaba el frío y el calor arropaba mi cuerpo
tan solo fue eso, calor y nada más;
Porque de haber algo más, nunca te hubieses ido
estuvieses aquí acurrucándome en noches frías,
diciendo esas palabras tan bonitas que me solias
recitar, en bares de mala muerte.
A lo mejor nunca fui suficiente para ti
o quizas fui mucho más de lo que pedías
y en tus jardines ya habian muchas flores hermosas
y yo, entre ellas, no tenia lugar;
por ser flor exotica o rara como tu bien decías
no tenia lugar, era especial, me decías…
Pero que de especial he de tener
si para ti nunca fui nadie, solo un objeto-
algo obsoleto que usas solo una vez
y luego olvidas por completo.
Me buscabas cuando no había más remedio
y de mí, saciabas tu sed voraz de sentirte amado.
sí, yo fui tonta, enamorada de mi jardinero
que vio en mí más que algo raro
algo especial, más hermoso que una rosa
porque entre ellas no tendría lugar
mi lugar pertencia junto a él…
Me mimabas con tanta ternura
y en tus brazos me solía estremecer,
el placer de sentirte era tan inmenso
que en las noches, brillaba más que la misma luna;
Pero la noche arropó mi frágil cuerpo
y fue entonces cuando comprendí lo que tanto evitaba,
te aprovechabas del amor que te tenía
para sacar de mí lo que tanto te hacía falta.
Me robaste pétalo por pétalo,
pedazo a pedazo te llevaste todo…
Y en tus labios se quedó lo poco que quedaba de mí alma;
mi corazón, ya no existe, nunca tuvo lugar junto al tuyo
porque solo fui la espina que hayaste en tus rosales
y que te clavaste tanto hasta sangrar, y por eso, me odias
porque de tantas rosas, fue una espina la que te hizo llorar…
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