Quien diría que tus labios abnegados
se tomarían el atrevimiento de besar los míos
bajo lunas de papel y estrellas de mar
sin que tus manos dudaran de sus actos.
Quien lo hubiese escrito o tal vez predecido
sin que la duda se reflejara en tus mejillas,
sin que tus labios al besarme temblaran de miedo
al sentir el calor ajeno y agradable de mi voz.
Y entonces se desenvuelve el momento
y la pasión se exhuma de tu cuerpo
colaborando con el mío, triste y adolorido
que en silencio clama por tu atención.
Y apesar de que lo deseo más que nada
me detengo en el umbral de tu mirada
que me avisa a donde me llevas- a sanar alguna herida
que con pasiones prohibidas no te la podrás curar.
Y entonces me hace dudar de ese beso inesperado
si fue algo precoordinado o si solo fue la bienvenida de algo a suceder;
Se me hace un desasosiego comprender el porqué
te anclas a una historia que ya ha llegado a su fin;
y la tentación de cubrirte con mi ensueño
me retiene a tu lado, consolando tus llantos atormentados
alentandome a que me quede pero obligandome a que huya
cada vez que me amarras con tus brazos y me dices: “Quedate”.